LO QUE BIEN ACABA
Era tiempo de tomar una decisión. Había llegado el momento. Una nueva decepción, otra más, en esta ocasión en el circuito vasco, me han lanzado irreversiblemente sobre el teclado para estampar el decaimiento, la derrota de ánimo, el desencanto y la poesía del perdedor mientras un ilegal y sublime hilo de humo de cigarro puro se adueña del techo de la oficina donde me gano los dineros del porvenir familiar. Pobre de mi, qué dinero -¡qué poco!- y qué horror de mes de Julio.
A Gorka Fernández Miranda e Iñigo Robledo les habíamos hecho morder el polvo algunos mediodías antes. Ayer hube de sorberlo yo, fundamentalmente yo, y ayudar a que Vidal Abarca extraviara su confianza en el juego porque la mía anda de vacaciones por Soria. Camino Soria. No es que mi juego haya bajado en regularidad, lo soy, soy regular. No estoy jugando mal, al menos no rematadamente mal, pero me faltan ritmo, físico, fuerza, confianza, fe y hasta esperanza. Y de caridad, la gente, los jugadores del circuito, mis adorables y entrañables compañeros de fatigas andan ralos, escasos, y poco generosos. Al menos conmigo.
Bajaba pesaroso la cuesta de la Peña hacia el vestuario, con la garganta seca y los ojos vidriosos cuando posé mi mirada en la pista de cemento. Alex garcía y el sin par Iñigo Sagastegui, el mudo, peleaban con Javi el altísimo y Santi Salazar de Tecmodual. Les dejé con un set a favor de los dos primeros. Alex cabreado como un mandril en celo, Iñigo cabreando a Alex. Y los otros dos, empeñados en marcarse una de sorpresas a golpe de globo y meterlas y meterlas y meterlas. Los Iván y Acompañante, Fernando y Teresa y la señora de García relajaban la adrenalina incontrolada de Alex y yo tenía bastante con calmar la mía.
Sagategui había protagonizado el momento exótico del CAP, la prueba de la camiseta azul celeste rotulada por Tecmodual precisamente. En compañía de Alberto Aramburu, “Topete” para los amigos, se había ganado el derecho a jugar una de las semifinales de tercera y lo más llamativo –hay que ver como estaba Buru por ello- la presencia en el próximo cuadro de segunda. Se la jugaban, en un partido precioso a priori, ante Edu Carrasco, la máquina infernal y Sergio el de la caja, el vecino de Txusma Obregón. “No pensaba yo que tres cubatas………..” se disculpó Sagastegui. Apareció tarde, con los ojos hinchados, la mirada perdida, el gaznate hecho cisco, y un aroma interior que echaba para atrás. Tocado, por no decir beodo. Y sin hablar. Algo le pasaba a este hombre, deducimos todos. Y era cierto. Veía pasar las bolas a su lado y no hacía ademán de cortar su trayectoria. La pelota, su raqueta se estampaban con sus gafas. Se caía, resoplaba, y no decía ni pío. “Te mato. Te pasa conmigo y te mato. Te libró que Aramburu es el mejor tipo del circuito” le lancé a la oreja poco antes de que me rogara por mis hijas que no hiciera mención de sus andanzas en una de mis crónicas. Iñigo, una y muchas más te serán perdonadas por ser como eres, pero por Dios, deja de hablar un poco, que pareces Andrés Montes en el mundial. En la pista chitón. Y Alberto se quedó sin final.
Jota jota Marquinez, “el martillo” y Javier Crespo me la robaron a mí, si es que tuve alguna opción de meterme en ella. Fueron tres sets que Javier jugó a lo campeón, con un par de buenas piernas y padel defensivo de altura. Jota jota le acompañó sin apenas errores. Yo anduve regular al principio y normalito después, cuando mi labor debiera haber sido la de culminar el excelente trabajo de mi compañero Fernando Martínez, regular y tensionado al principio, brillante y excelso después, hasta el final. Hay que ver Fernando, lo bien que estuviste en el partido y, sobre todo, en el anterior, contra Tina y Albaina. Primera ronda en cemento, donde se practica otro deporte, y donde a pesar de su estrella, Iñigo no fue suficiente para ganarnos. Javier Tina se aplicó el cuento, jugó como hay que hacerlo en suelo duro, lanzó pelotas a la hoya pero se encontraron con la solidez de la roza Martínez y le serenidad –exenta de genio y magia, donde la habré dejado últimamente- de quien de cuando en cuando os aburre con estas líneas y su lengua de trapo.
Ese día, el espectáculo lo pusieron en la otra pista de cemento, y fuera de concurso, un cuarteto de lujo: Vidal y Javi Ron, las piernas masculinas del circuito –para que luego no digan que sólo me fijo en la bella Aurora- contra Quiroga y Javi Verástegui. Lo de este chaval es increíble. Hay que ver lo que juega. Lo pasé de lujo, chicos.
En cuanto al circuito, tuve ojos, pero poco tiempo para una pareja de chicas que se las hicieron pasar canutas a los hombres. Susana Pipaón y Macu casi pueden con todos. En mixtos me pido cualquiera de estos dos muslos. Son mixtos vegetales; lo digo por si la plataforma antimachista tiene algo contra mí, o contra Chencho, el hombre que se fija en todo, el hombre que trabaja más que ningún otro, que se controla el CAP como si en ello le fuera la vida. Porque le gusta, porque tiene un buen corazón, porque las cosas tienen que estar en su sitio. Como él. Atento a todo y dueño de tal capacidad de trabajo que parece que está siempre, que siempre está. Josetxo, Chencho para las amigas. “Chochitos, Ramón” me sopla el inconsciente.
En las terrazas, birra o refresco en mano, los derrotados, los sin ganas de volver a casa, los noctámbulos, Joseba Fábregas y mucha chica, que da gusto sentarse en la terraza de mi casa, en la Peña, lo más bonito que ha levantado en hombre moderno en las últimas décadas en Vitoria.
Los Capillas, Capillas y Capillitas se superan. Sobre todo el pequeño, un futuro campeón de pádel y de muchas más cosas. Un chaval, junto con el otro pequeño, el Verástegui, el enano de Txema, que serán alma y orgullo de nuestro padel y nuestra juventud. Por cierto, que también he visto a otras parejas de padre e hijo coincidiendo en la pista: los Gurbindo, en otro amistoso, apoyándose el padre en Josetxo-Chencho y García Ariño-Pepe Isbert. Y los Txusmi-Ander, Eduardo-Jon, los windsurfistas del padel.
El circuito había comenzado con la Tormenta Perfecta. Una noche de perros de mil rayos nos partan. Tras más de un ahora de espera los chicos decidieron salir a la cancha, aunque pasaban de las diez. Las chicas, Aurora, Pocahontas, Oki……”mejor nos vamos, no?”.
Quise divertirme con Roberto González y Bergareche que se enfrentaron ante mí al tocahuevos Pascual y Mitxi Etxebarría y apenas me lo permitieron. Roberto está fuerte. El tanque tiene un padel perfecto, cuando el fuelle responde. Xabi es un globetroter virguero y Mitxi un pedazo de jugador. Y sin embargo apenas nos dejaron cosas, muy pocos detalles. Eso sí, el tercer set, con un 13/11 para los dos primeros resultó emocionante.
Otro partido que no terminó de engancharme lo protagonizaron Cruzado Mágico y Justiniano contra Javi Ron y Miguel Pérez. Les comieron el mijo en el primer set los dos primeros, Gorka Ruiz está segurísimo en su juego, y Manu Juste igual de compacto……….pero los otros dos, en cuanto Ron se centró, dejó de mirar a la otra cancha y estar pendiente del partido y Pérez mantuvo su buen nivel , sin fallar bolas fáciles, les fue mejor.
Había sido una semana muy dura. Larga. Competida. Demasiado padel. Más disgustos que placeres. Salía por la puerta cuando una hermosa y elegante señorita me regaló lo único agradable de la jornada tras tanto varapalo físico y mental: “me gusta lo que escribes. Me gusta cómo escribes”, me dijo, y entonces mi alma echó a volar de nuevo. Una crítica, tan poco crítica con mi última prosa, debía hacer mejor aún la próxima. Esta.
Pues va por ti, y hasta la que venga.
Ramón Urbina
|