COMO TE IBA DICIENDO……
……y ya que has aguantado el pedazo tostón del Da Vinci último, permíteme seguir con la maldición del tres que ya he dejado atrás, a Dios gracias, gracias a Perico, el hombre clave de estas líneas que servirán para llevarme otra vez bien con el mundo.
Tengo que decirte que he asomado la cabeza. He ganado. Y estoy orgulloso. Y no tan mayor. He recuperado la moral perdida y el honor de los Prizzi. Y te lo voy a contar con pelos y señales. Y voy a abusar de tu paciencia, y más de tu amistad, para regalarte lo que quizá no necesites: que nadie te de la “chapa” con las batallitas del abuelo catapún. Pero he vuelto. Ya estoy otra vez aquí, entre los vivos. He saltado de las catacumbas para subir al circo Máximo de la máxima. Estoy en primera. Como el Athletic. A ver por cuánto tiempo.
Me tenías que haber visto en la final. Rojo como un tomate maduro. Tan metido que ni salía de la pista para respirar. Hasta el agua fresca de la cantimplora del compañero debía colarse en la cancha si quería ser tragada por mi exhausto y deshidratado cuerpo.
Te engañaría si te hiciera creer que no sonaban mis campanas interiores por el triunfo en sí mismo. Sí lo hacían. Pero también por el partido. ¡Cuántas veces he acabado tan satisfecho habiendo perdido un buen partido! Pero no tan feliz. Seguro que no. Creo que porque Lopa, Iñigo Lopez de Aberasturi, y Javier Verastegui son mejores que yo. Javi seguro, y el chicoLito casi. Desde luego que habrá sido ésta la penúltima, sino última ocasión que la vida me ha presentado para poder vencerlos. No creo que a partir de ahora, sea yo capaz de ganarles jugando al lado con alguien de mi categoría e incluso mejor. Era el hoy o nunca. Y fue. Y jugando de tú a tu. Nada de estrategia. Todo pelear, bola baja, y pegarle duro. Quizá la cabeza y los años. O mejor la experiencia, que si fuera por años no tendría rival. Un lujo. Debo agradecerle la oportunidad a un mal día del peque. Tengo que subrayar la caballerosidad de Javier: un joven doncel con armadura de oro. Y estoy obligado a ponderar la confianza ciega en Perico Goyarrola por la ciega confianza que deposita en mí cada vez que jugamos juntos. Por carácter, por entrega, por solidez mental, por, incluso manera de jugar, el gran Perico es uno de los compañeros de juego que uno desearía disfrutar cada vez que se atreve a jugar un partido serio. Gracias maese Pedro. En ti ha estado la clave de mi sacrificio y nuestra victoria.
Pudimos en semifinales con un asustado Sergio Fernández Crespo y un superado por las circunstancias Mendía. Ellos habían sido capaces de echar a la cuneta al mundialista campeón Alegría y David “peleas”Aramburu, arrebatando a éste la remota posibilidad de martirizarme en la cancha. Pude verle la sangre en el ojo cada vez que me cruzaba con él durante el desarrollo del campeonato. Otro día será gran David. Aprecio con reciprocidad el ímpetu que tu espíritu derrochará en la cancha cuando nos toque enfrentarnos cualquier día de estos. Decía que Sergio apareció asustado. Voy a decir medroso mejor, algo cohibido. Es más culpa suya que nuestra haber caído. Tras pelear en el primero, apenas opuso fuerza en el segundo set. Echamos de menos su juego de volea y poder ofensivo por alto. Siempre se mantuvo lejos de la red, y ahí es difícil meter presión al rival. Mendía no sacó su gran bandeja de zurdas. No le dejamos cerca ni una sola bola. Se las tiramos todas al revés, al pié, al cristal. Otro día nos harán muchísimo más daño si no un disgusto grave y definitivo.
Quienes a punto estuvieron de mandarnos a casa fueron Rupérez y Jota Jota. Nos tuvieron a su merced durante set y medio. Contra las cuerdas. Con un 6/2 y 3/0 a su favor que parecía mostrarnos la puerta de salida del torneo. Fue entonces cuando apareció el alma de gladiador elegante de Goyarrola. Me templó el ánimo. Atemperó mi carácter. Frenó mi ardor ciego. Y me bajó de nuevo a la tierra. “Se positivo, pelea, mete las bolas, que no se te vaya la cabeza y suma punto a punto hasta el final”. Así fue. Ahí estuvo la clave de todo. Como siempre que jugamos juntos. ¡Qué fácil es cuando un compañero asume el liderazgo de manera tan natural. Y uno se deja ir porque confía en quién confía en uno. Gracias otra vez. El 3, por esta vez, me fue favorable. A la cuarta. Tuvo que ser a la cuarta. Deivit florete Rupérez habrá de esperar un poco para resarcirse de tanto traspiés.
El tercer vértice del triángulo mágico de cronistas, Ramón “Perereiro”, chico animoso donde los haya, él sí, también, y por culpa, entre otros aspectos del juego y por su juego, del animal Gorka Fernández Miranda, el Obelisco humano, se subió a los cuadros más altos de primera categoría –un dehors categoríe, que dirían los franchutes, para gentes como nosotros tres, tres simples mortales-; nada manos que hasta las semifinales del cuadro principal.
Un esfuerzo antes, en el primer partido del cuadro, Goyarrola y yo hubimos de vencer, pasar el grueso trámite –a priori- de los hermanos Jordana. A priori digo porque los Jordana han sido vacas sagradas de este deporte. Ahora andan algo bajos y Carlos, el menor, nos ayudó un poquito. No estuvieron acertados, no, y pudimos guardar fuerzas para los siguientes compromisos. Fue más por su mal juego que por nuestro empeño. Seguro que nos esperan a la vuelta de la esquina; la siguiente oportunidad.
Hago resumen de esta primera parte de “mi crónica”: Perico tiene un 80% de culpa, en lo anímico, y yo un 20 para que alcanzáramos el éxito. Luego en el juego anduvimos mucho más igualados.
No quiero pecar de protagonismo, no mucho al menos, y voy a dedicar unos párrafos a ponderar la actuación de otros compañeros y compañeras de afición.
El gran torneo de Manu Juste y Miguel Perez. Partidazo de ambos, exhibición del primero, en el partido contra Iñaki Gómez de Segura y Rabanera. Manu flojeó en defensa, en el globo y en el bote pronto; algo raro en él. Iñaki sólo no pudo.
Luego en la final, García Ariño acogotó la lucidez de un extraordinario Miguel y el tesón de Juste, ausente casi, rendido y rindiendo pleitesía al maestro, el hombre que parece que tira las mismas bolas, a la misma velocidad, al mismo sitio, con tanta precisión como cualquier otro, pero en realidad, lo que sucede, es que parece, sólo parece. Las bolas corren más, van más ajustadas, más fuertes, engañando al aire. Y, aunque va con otro, en este caso Chema Medrano, genial en las dos ultimas bolas del partido, desaparecido casi antes, Ariño se ocupa de la red, del fondo, de la pared, de la derecha y del revés………….y así es imposible.
Destacar el papel de los Martínez. Probaron el sabor de la derrota en 1ª pero cayeron con honor. También ví como se las gasta Tere, pareja de Fernando. Veterana y elegida. Una recién llegada con muchos ánimos que sigue aprendiendo. Y una pareja de chavalas Ana “o SEA” y Gema que se han ganado un puesto en primera cuando apenas llevan un año dándole a la pala.
A propósito de mujeres, papel principal para Silvia Hernáez y María. La Arredondo está como siempre, guapa y delgadísima, y con un padel de kilates, pero su compañera, Silvia, hizo en semifinales el partido de su vida. Otra vez la vi, y pegándole igual de fuerte, metía la mitad de bolas. Beatriz Rumoroso y Ana Churruca las obligaron a pelear hasta el tercer set. Un partidazo de las cuatro. De lo más competido y bonito del torneo sin duda. En la final cayeron Nieves Gómez y Mirian Vidal Abarca que antes habían ganado su semifinal a Mónica Monje y Paloma Vidal Abarca. Media familia de los Vidal han metido el morrete en el CAP. El jefe supremo, Inacio, a la cabeza - el pobre se pegó un trompazo en la red que le dejó el dedo índice de la mano izquierda como a Colón- ganó la consolación de primera. Luego primas, hermana, hijas y demás familia ruegan una oración……….que no le viene mal a nadie.
Bueno pues, y en conclusión: Perico y Ramón ya están en territorio champions. Goyarrola y Urbina, con letras de oro, y como Osasuna una vez, disputarán la liga de las mega estrellas. Está dicho. Ojo Mouriño.
Ramón Urbina
|