MAGIA
Dios, qué rápido ha sido todo. ¡Cuánto talento echado a perder! Me vais a perdonar la osadía, pero me atrevo a dejarme llevar por el momento espléndido que el padel y yo compartimos, para dejar volar por un instante mi imaginación y rasgarme el pasado que pudo ser y el futuro que nunca será por culpa de los años amontonados, y una sensación que me persigue desde niño: soy de los que siempre llegan tarde a todo. La cigüeña seguía trayendo niños, creía yo, cuando los de mi edad no paraban de tirarle piedras cuando paraba por el campanario de San Esteban, en Salcedo, y Pedro, el hijo del pastor se partía de risa cuando fijaba su mirada en mí, mientras me lanzaba que los niños los hacen un hombre y una mujer en la cama. O en el coche, en el verde de la campa de la escuela, en el cementerio lejos de las miradas de las gentes, de las vivas supongo, o sobre la mesa embadurnados en harina según descubrí algo más tarde.
Luego me dejé la primera vez de pié, apenas en pié, sumergido en cerveza y apoyado en ella, una chica mayor, sobre un carro, con demasiados años contenidos, con quien sabía mucho más y me obligó a repetir porque si no me enteré yo menos se enteró ella. Me reí mas que nadie en la escuela, aunque don José marcaba espaldas y dedos con una regla de madera de 2 cm. de alto, por 4 de ancho y medio metro de largo. El cabrón. Yo debía ser listo, uno de los más listos del pueblo –para estas cosas por lo visto- y no sufrí mucho el arte de enseñar de aquel viejo falangista.
Lo del Instituto lo recuerdo y lo pasé como los mejores años de mi vida. La de putadas que pude inventarme para hacerle la vida imposible a profesores, profesoras y compañeros y compañeras. Menos mal que entonces, lo del acoso al tonto-tímido-buenazo de la clase todavía no estaba tipificado. Hubiera terminado en el reformatorio. No me entraba el euskera, no llegué a aprobar un examen de física, y jugaba a vaqueros con un par de amigos, de los que omito el nombre para no dejarles en evidencia, mientras los espabilados de la cuadrilla –tampoco digo nombres, pero ahora para que no vayan de gallos los gallos- se tiraban, decían, todo lo que se movía o al menos metían mano a diestro y siniestro a todo lo que llevara faldas, que antes se llevaban más y por ende costaba mucho menos meter mano por esa zona; con el vaquero la cosa se jodíó un poco, el aquí te pillo y aquí te mato requería más tiempo, más espacio y algo de oscuridad.
En la facultad lo pasé de miedo. Me fumé el primer porro –lo siento, yo también pequé-, fui superando asignaturas pegando tumbos. Romano cayo un 23 de Febrero. La tarde-noche del golpe. No digo de qué año para que os hagáis idea de hasta qué años me tengo que remontar. Después de Internacional Público y un par de asignaturas de 4º y algo de 5º se me acabó la voluntad, perdí la fe en la abogacía, empecé a no ver bien a los abogados y decidí que lo mío era ser como José María García. Algo tarde. Llevaba años pegándole a la raqueta. Jugaba provinciales y ganaba. Jugaba regionales y me zumbaban. Jugaba los estatales, fase sector, el Manuel Alonso, después Goofi, oficioso campeonato de España y me untaban. Pero bueno, con 16 y hasta 18 años era de los buenos. Daba clases y todo. Jóvenes que luego fueron buenos jugadores, aprendieron conmigo en la Peña, en el estadio, en Mendi y hasta en Aldayeta. Si hubiera seguido con las clases igual ahora tenía una Voyager de alta gama, un Montero con tapicería de cuero, el Cherokee de 8 kilos y medio. Y un chalet en Durana, una cuatrocientos, casita en las Landas y muchas facturas que pagar. Fue otra oportunidad que se me fue. Como la de la Caja, con 17 años: “te meto, aprendes en Comercio, y ya irás subiendo en el escalafón”. No, quita, quita, quiero ser abogado como Perri Manson, detective como Ironside, y guapo como Alain Delon……… ¿Me entendéis? Siempre tarde.
Probé el padel jovencito, cuando inauguraron las pistas de la Peña, las dos de cemento, con tiempo “pa gozar”. Pero en aquellos días abrían sus puertas el Abuelo, el número K, el U2, el Calígula, el Capirote. Y estaba la Cuchi y la Cuesta. Las fiestas del Estadio y su barbacoa, las fiestas del Vitoria y sus blusas: Garsuak, la cuadrilla más ardiente. Algún que otro pedo. Las verbenas de los pueblos. Las vacaciones en Salou y Alicante con los amigos. Ay que bien, lo que disfruté, lo que aprendí, y el tiempo que perdí aprendiendo a perderlo.
Empiezas a trabajar en serio, a educar a dos pequeñas, a salir a cenar y a la cama, a jugar al mus y a la cama, la sociedad, las vacaciones en Marbella, tienes que cuidarte la voz, te haces responsable y mayor, y para mantener la forma, para mantenerte, coges de nuevo la raqueta: el squash hasta que pierdes más partidos de los que ganas y sufriendo como un perro atropellado, luego otra vez el tenis pero te das cuenta que con tres pelotas y tanta pista no paras de cogerlas del suelo y total, para nada, y vuelves al padel con 39: qué fácil es jugar a esto, hay que ver lo bien que lo pasas, progresas, limas defectos y coges virtudes –por 200 euros y un par de meses con buenos profesores y amigos le pasa a cualquiera-, pero ya tienes 45, juegas con tres o cuatro como tú, con muchos más de apenas 30, un montón de veinteañeros y………..maldición, ¡qué te queda, cuánto te queda!
Dos locos como Alexanco el genio de la muñeca y Luzu el genio sin genio más simpático y amable del mundo mundial. Fernando, Luis, Javi, Vidal, Aniel, Zaballos y Txusma, Txusmi, Carrasco y Alarcon a tu nivel y con tu cuerda. Los Roas, Beitias, Ruiz y Rupérez, con Pereiro, Aramburu, Patxi y…… Y los de 20 que ahora andan con dudas de si sí pero no, que si la Cuesta y las copas y si hay que jugar a las 9 mejor llamas a tu tía. Total, ¿qué te queda? Asumirlo: pocos años, ninguno. Meses. Un Master. Y la cuesta, la cuesta abajo.
Necesito magia. Un mago. Un milagro. Jesús, quiero que me quites unos años. Prometo portarme bien, hacer el bien, no pecar tanto, cuidarme, y seguir progresando en el padel, jugar más años, más CAPS, todos los circuitos del mundo: el alaves, el vasco, el mundial, los de veteranos de 85 y 99, los provinciales, los sociales, los mixtos, los amistosos, en verano y en invierno, por la mañana, al mediodía, al anochecer, con y sin viento, al aire libre o bajo techo, en Mendi o en San Andrés, en el complejo García Ariño, en Gamarra, la Ciudad Deportiva del Baskonia, Jolaseta, Mas Padel, San Sebastián y San Pedro de Alcántara. Con la Royal Padel, la Bull ilegal, la Vision, Puma, con la que aguante. Contigo y contigo, con vosotros y vosotras. Jugar. Sólo jugar y disfrutar.
Hicimos una cena los del Virtual al acabar el vasco por equipos. Txusma y Zaballos compartieron mantel y mesa –pero no echaron una mano en la cocina ni “pa dios”- con Ariño y Gómez de Segura, los anfitriones. Pérez, Gonzalez, imposible meterle cerveza y “cargaitos” y hacerle firmar un cap en el 2007, Nachope, Gonzalo que volverá por sus fueros, servidor de ustedes y Josetxo el vasco. Tengo una duda, es probable que me quede uno por contar, el undécimo. ¿Existía el undécimo? Vamos a ver, si pusimos 20 euros por cabeza por la cena, y luego cayeron las copas que cayeron, con sus cafés y puros correspondientes y……………joder!, que no se donde está el undécimo si es que tiene que estar.
Todo estuvo bien. De cine. Y lo mejor el número final. La gran sorpresa. El Tachán del epílogo a la cena: unos números de magia del maestro Peña; Gandalf el Gris. Increíble con las cartas. Magnífico con los juegos de manos. Tuvo que ir y volver de casa, cargado de barajas, para hacernos un montón de juegos de adivinación que merecieron los sinceros aplausos de una concurrencia exigente –aunque bien fácil de engañar, de embaucar mejor, porque antes el alcohol ya fue allanando el camino- y atentísima. Fiscalizando cada movimiento de sus manos, había uno que siempre se situaba detrás por si acaso las luces nos cegaban a los demás, y ni por esas; Josetxo se adueño de la sobremesa y nos mostró lo que alguien puede hacer entrenando mucho. Tiene gracejo, simpatía, maneras, educación y facilidad de palabra, Conecta con la gente. Y aunque a primera vista cuesta rozar su áurea de matiz impermeable, luego roto el himen de su timidez que disimula –mal hecho- con un tinte de soberbia te encuentras con un ser próximo y galante, hecho para ayudarte. Moreno no te habría presentado mejor Txentxo.
Por eso Josetxo, yo, bendito de ti, te pido, solicito tu intervención para que pares el reloj, lo eches hacia atrás y hagas el milagro o el truco, o lo que sea y permitas que siga en esto unos años más y a pleno rendimiento. ¿Es posible?
Y si es que no, ¿creéis que me queda cuerda para seguir en este mundo mágico del padel, o debo pensar ya en una pronta retirada para no hacer el ridículo ante tanto joven? Sería una pena. Me dolería que así fuera, pero igual es hora ya de frenar la actividad y pensar en hacer una licenciatura de Historia Antigua por la UNED.
¿Hay alguna por ahí, con magia y ángel –lo prefiero si fuera posible Josetxo, que le voy a hacer- que sacrifique juventud y lozanía para revitalizar un cuerpo cansado y desgastado que encierra la mente más enérgica y dispuesta del circuito?
P.D. Para echar más leña al fuego en mi contra, y contra quienes, con razón, creen que estas crónicas son largas, demasiado largas y pesadas –para los enemigos de lecturas algo barrocas, amigos del relato corto, breve y de calidad- añadir sólo que al fin he descubierto quien era esa persona que no perdía detalle de los juegos de manos de Josetxo el vasco. Su sombra esa noche, la noche de la magia y el gin tonic, el reventador de trucos, era el grande y único, torito bravo Albaina, que se quedó con las “gainas”. Peña resulto victorioso esa noche. En el Master ya se verá
Pero esa es otra historia que se verá si contamos o no.
Ramón Urbina |