Año de bienes
Hola campeones.
Está visto que las rebajas pueden con el espíritu de la Navidad. Al menos por lo que a mi concierne sí, aunque para ser sincero y no exagerar lo voy a dejar en la noche de Reyes. Los Magos han pasado de largo por el tercer piso mano derecha de uno de los castillos de Ariznavarra, –si alguien estuviere interesado en rellenar la ausencia o huecos que sus majestades han dejado al lado de mis zapatillas Boomerang de pádel llámeme y especifico también la calle el número del portal y el código postal- y si lo han hecho ha sido porque, atontado de mí, señalé la puerta del piso con sangre de cordero para que pasara de largo la trinidad de la Epifanía mientras no llegaran las rebajas. ¿Y quién me aconsejó tan sabiamente?, la abuela de mis hijas; la madre que me parió. “Deja Ramón, guárdate la tarjeta –ya la tenía en la mano dispuesto a derrochar por una vez en la vida y con los euros aún recientes de la última nómina-, con lo que les hemos encargado a los Reyes para las peques ya hay bastante, deja lo de papá y mío para cuando lleguen las rebajas. Y tú, vete pensando en algo para esas fechas”. Ya sabéis: unos calzoncillos, algún par que otro de calcetines, dos nikis de diferente color, quizá una corbata. Lo de siempre, vamos. Y así estoy, sin una cosa ni otras, que luego nos viene mal a todos pasarnos otra vez por la corte del inglés y de llegar a las rebajas. Quizá llegamos a las de otoño porque a las de Enero… mal vamos.
Para el año que viene y aconsejado por un buen amigo, prometo regalarme cualquier chorrada, aunque sea un libro del hortera y facha Reverte que por cierto, me encanta como escribe, lo sencillo que parece ser, leyéndole, transformar los pensamientos en frases cuando ojeas cualquiera de sus cosas, lo fácil que aparenta ser inventarse una aventura mezclando churras con merinas, tercios y validos, piratas y descubrimientos y luego, cuando le escuchas un día en la tele, le oyes decir que a España y a sus ciudadanos de a pié les vendría de perlas una buena guerra para recuperar los viejos valores de la verdad, de las hambres pasadas, de la vieja hidalguía y terminar con un tercio de la población de paso. Se ha vuelto loco este Pérez. Que le den. Y prometo no volver a leerle hasta que no recobre el juicio, la humildad, y le pida perdón al poeta Miguel Hernández.
Al final y según va la cosa, no caerá nada. Igual unos zapatos de ante marrón que me encantan, y que yo pagaré –los reyes silban disimulando- y seguro, lo más seguro, una pala, otra, de pádel. Se admiten sugerencias, aunque como dice un amigo mío, y de los buenos –buen jugador, me refiero- “pídela barata, dura, que dure mucho, y de darle fuerte ya te encargarás tú”, me salta cada dos por tres. Y en esas estoy. García Ariño, Justiniano, el berebere Ricardo, la última adquisición de nuestros maestros con el que los jóvenes y menos jóvenes aprenden como rayos, los tres y alguno mas está con que si la Puma, la Bull, la Vision y la leche; ¡lo que cuestan todas! . No obstante habrá que hacerse con otra porque el otro día volví a jugar con Aramburu, “topete 1ª”, Alberto, y me lié a golpes contra el cristal. En realidad le pegue solo una vez, pero valió por cinco. Que pase la siguiente.
Estamos en el 2.007. Ya he jugado unas cuantas veces. En la Peña contra Julio y Ron. En el Estadio contra Pereiro, Torito, con Juste e Ivan. En San Andrés y sus angustias con Fernando y el referido Alberto. Con las niñas Vallejo Nájera en las maravillosas canchas de la Fundación. Qué gozada de cubiertas. Casi ni se nota el viento. Y lo altas que están. Puedes lanzarte uno de los globos del Juste que no pega la bola en el techo ni queriendo. Eso está bien. A mi, con sinceridad, ni me va ni me viene disfrutar o no de tal posibilidad de golpe defensivo que luego se convierte en ofensivo y te permite tomar un respiro y además subir a la red………y bla bla bla bla., porque lo que a mi más me va es pegarle raso, rozando la red y el juego de tiqui taca, el tuya-suya-mía-del otro en los cuadros de saque arriesgando el pellejo a cada golpe. Así me va. Con arritmias a cada salto, con tirones y subidas de bola que luego le valen a Ariño para descojonarse de mi un montón. Mover la columna iluminada de mi cuerpo de anguila veterana a ritmo impuesto por la necesidad y exigencia requeridas en cada momento me transportan al limbo en cada partido que disputo. Si no sucede así no disfruto.
El Ariño me tiene reservado una prueba. El joven Alegría una segunda. Para las demás, para todas las demás estoy libre. Estoy abierto a todos. A cualquiera. A los buenos y a los amigos. Pero quiero jugar entre los mejores porque en cuanto acabe el 2007, con otro de 365 días a la espalda no me quedarán muchas oportunidades. Entraré en rebajas por saldo, liquidación, o cese de negocio.
Sacadme jugo cabritos, que me arrugo. Un beso y nos vemos
Ramón Urbina
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